Los sentroles en el hogar

Si es verdad que Internet, tal y como lo concebimos ahora es el Internet de las personas y ha servido, básicamente, para informarse, comunicarse, almacenar en la nube o, más recientemente, analizar datos, también lo es que hemos llegado a un segundo estadio.

   

Donde todos esos sensores, controladores, activadores o la combinación de varios de estos elementos, a los que bien podemos denominar ‘sentroles’, alojados en nuestros terminales han cobrado protagonismo.

Un ‘sentroller’ (que traducimos como sentrol como acrónimo de sensor y control), es, por ejemplo, un termostato que detecta la temperatura, la compara con la deseada que tenemos programa y activa la calefacción o el aire acondicionado, sintiendo y controlando (sentrol) completamente la climatización del entorno. Realmente, un sentrol usa o produce una cantidad limitada de información, pero la conexión a Internet es esencial. El Internet de las cosas está compuesto por aplicaciones que saben interpretar la información que le llega de los sentroles y saben qué acción debe llevar a cabo. El mejor ejemplo de un mini universo IoT, son los coches de última generación, llenos de sensores y controladores que el hombre debe comprender e integrar en su vida.

El concepto de inteligencia asociado a la domótica, la energía, los edificios o las ciudades inteligentes realmente residen en la nube. Sin embargo, los sentroles son los nodos finales que se convertirán en los ‘pobladores’ del Internet de las Cosas. En el caso de la domótica, los sentroles no estarán siempre en el mismo recinto, como ocurre en el coche, sino que estarán en diferentes habitaciones y serán de diferente tipo. A simple vista, tenemos termostatos, elementos de seguridad, contadores de electricidad, gas, agua… y ahora también multitud de electrodomésticos, interruptores, cierres de puertas, etc. gestionados por control remoto.

Hoy por hoy, aún tenemos la generación cero de sentroles; aún son muy mecánicos e independientes. En un hogar 2.0 real, todo estará vinculado a Internet y no a una única aplicación, sino que desempeñaran diferentes funciones en diferentes circunstancias. Un sensor de movimiento no sólo disparará una alarma, sino que reconocerá a la persona en cuestión, le encenderá las luces a su paso y pondrá la habitación a la temperatura adecuada e incluso con la música que le gusta escuchar. Tal y como recoge el libro blanco de la domótica, elaborado por Greenpeak, podremos hablar de casa inteligente cuando los sentroles se desconecten de una aplicación específica y se vinculen a un programa que toma decisiones y que se ejecuta en la nube del Internet de las Cosas.

Fuente:zonamovilidad

 

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