Robots en vez de empleados

La inteligencia artificial no solo son robots con cara metálica que ayudan a las personas con una simpleza demoledora. Sistemas cada vez más inteligentes van ocupando nuevas tareas en nuestras vidas combinando una mejor capacidad deductiva y el análisis de un volumen de datos cada vez mayor.

 

Teclados predictivos, traducciones automáticas a partir de fotos o conversión a texto de frases, o incluso sistemas de atención al cliente basados en voz usan métodos de inteligencia artificial. Como los asistentes virtuales, programas como Siri, Google Now o Cortana que permiten que el usuario pida algo y el sistema le responda con apariencia de un diálogo humano. En estos casos, la potencia del sistema depende de alianzas con otros servicios y de su capacidad para generar y cruzar datos. Y este es el límite. El Siri del iPhone, por ejemplo, no completa transacciones que se salgan de los servicios de Apple (programar una alarma, dar el tiempo, contestar un correo o buscar en la web), pero cuando lo compró la multinacional el programa tenía muchas más posibilidades. Ahora sus creadores han añadido un nuevo servicio, Viv, que quiere ser capaz de tomar decisiones propias a partir de los patrones de conductas de sus usuarios. Por ejemplo, decirle al móvil que estás borracho y que él solo te busque un chófer y le dé la dirección, y la ruta, para que te lleve a casa.

 

El Hospital Clínic acaba de presentar un robot que prepara los cócteles de fármacos de quimioterapia sin riesgo para los sanitarios. No son los únicos, hay otros que operan bajo las órdenes del cirujano en partes del cuerpo en que se requiere una precisión milimétrica o médico y paciente están alejados, como el famoso Da Vinci, del que se han vendido más de 3.000 unidades en todo el mundo. Hay robots que ayudan a la rehabilitación de pacientes convertidos en prótesis y exoesqueletos. A Stephen Hawking acaban de diseñarle uno que le permite elegir palabras más rápido gracias a un sistema que lee sus pensamientos y sugiere palabras a partir de lo que miles de personas han tecleado con esas primeras letras. También Watson, el sistema de inteligencia artificial creado por IBM y que fue usado para ganar a un humano en un concurso de televisión, se está ensayando en medicina para deducir posibles tratamientos a pacientes a partir de miles de historiales. Pero el futuro pasa por nanorrobots a nivel molecular que entren en el cuerpo encapsulados en fármacos.

 

La robótica para usos militares es la más puntera y, como en otros ámbitos, suele ser pionera para aplicarse a otros usos. Drones que seleccionan objetivos, exoesqueletos que dotan a los soldados de armaduras capaces de multiplicar su fuerza y resistencia, porque es la misma tecnología que se usa para las prótesis. La Darpa, agencia de defensa estadounidense que encargó lo que sería internet, fomenta la investigación en robótica avanzada. Pero también hay robots trepadores, limpiadores o desinfectadores como los que se enviaron a Fukushima después del accidente, que habían sido ensayados en el espacio. O capaces de rescatar a víctimas en siniestros o combates. A su lado, los que limpian los suelos en los hogares y que, en sus modelos avanzados, aprovechan la misma tecnología, parecen tontos.

 

Los robots comenzaron a desplazar a los humanos en las fábricas ya en los años 70 y siguen ganándose el sitio, conviviendo con las personas o siendo guiados por ellas. Pero ya no solo en cadenas de montajes industriales son imprescindibles. Comienzan a aparecer vehículos robotizados capaces de manejarse por vías urbanas o grúas que descargan contenedores en muelles de carga. O robots tipo dron que rastrean instalaciones eléctricas, minas o alcantarillados. Pero una nueva generación ya funciona: la que podrá realizar trabajos intelectuales mecánicos, como los redactores de informes comerciales, jurídicos o la redacción de noticias simples y la planificación de anuncios. En negocios ya existe: hay robots que planifican la compraventa de acciones o despidos. 

 

Fuente: El Periodico

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