Un banco japonés utiliza pequeños robots para atender a clientes

El banco japonés Mitsubishi ha incorporado robots a su plantilla para atender dudas que plantean sus clientes. Ha encontrado al empleado perfecto para sus fines. Individuos sin alma y sin escrúpulos, inconmovibles ante las quejas y necesidades de los clientes.

Si estos robots se perfeccionasen, los empleados honestos, de carne y hueso, con algo de conciencia en su interior, ya no sufrirían con impotencia ante los clientes aquejados de los peores problemas. De momento, sólo sirven para despejar pequeñas dudas y gestiones de corto alcance, que no deja de ser una ayuda y alivio para los empleados humanos.

Si algún día esos robots alcanzasen los puestos directivos, con poder de decisión, de tomar medidas de cualquier clase, mejor que mejor para la entidad financiera. Los empleados de carne y hueso pierden el sueño cuando se llevan los problemas económicos de la gente a su casa y se acuestan por la noche agobiados por cargo de conciencia, dando vueltas a su cabeza, influidos por las tristes historias de quienes les visitan en busca de un apoyo económico que el banco les suele negar.

Con los robots, sólo hay que desenchufarlos al terminar la jornada, sin más. Ellos no padecerán ni lo más mínimo por lo que hayan visto u oído, tampoco reivindicarán sus derechos ni se cansarán de trabajar. Todo vale por el bien de la empresa. Cada día hay más robots y dependemos más de ellos. Llegará el momento de que existirán más robots que personas, como ya sucede con el móvil, del que dependemos absolutamente. No se encuentra tan lejos el día en que ellos dominen el mundo.

Cuando acudes a un banco y no te pueden atender porque no funcionan los ordenadores, ya sabes que nada se puede hacer, tienes que salir del establecimiento como has salido, con los bolsillos vacíos. Sin embargo, si quien te ha de atender es una persona, a éste no le vale excusa alguna para no atenderte. Da lo mismo que le duela la cabeza o las muelas, que no haya dormido o la mujer le haya dirigido una bronca mañanera antes de salir al trabajo, reprendiéndole por algún fallo. Al empleado no le resulta nunca fácil desprenderse o contentar a un cliente pesado y quejicas. Un robot averiado o bloqueado es la mejor excusa para no atender al cliente, algo que no puede alegar un empleado, al que se le critica incluso cuando falta un rato de su mesa o ventanilla porque ha marchado a almorzar.

Fuente: blastingnews

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